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5 métricas de calidad que debe controlar en la fabricación

5 métricas de calidad que debe controlar en la fabricación

La calidad es crucial para el éxito en el actual entorno empresarial altamente competitivo. Por el contrario, la producción deficiente puede resultar desastrosa para los fabricantes. Según Quality Digest, se calcula que el coste de la mala calidad (CoPQ) oscila entre el 5% y un asombroso 30% de las ventas brutas en la industria manufacturera. Teniendo en cuenta el tamaño de las operaciones de fabricación modernas, este porcentaje puede traducirse en pérdidas financieras significativas, que pueden alcanzar miles o incluso millones de dólares.

Para garantizar una conexión sólida entre los objetivos de calidad de la organización y el rendimiento operativo, es crucial establecer una comprensión clara. Aquí es donde las métricas desempeñan un papel vital. Como dice el refrán popular, "lo que se mide, se gestiona". En este contexto, el seguimiento de Indicadores Clave de Rendimiento (KPI) personalizados permite a los ejecutivos supervisar, analizar y optimizar eficazmente sus operaciones en relación con la calidad.

1. Coste de la calidad (CoQ)

El proceso de calibrar e informar sobre el Coste de la Calidad (CoQ) es un componente crítico de las operaciones de fabricación eficaces, ya que permite a los fabricantes cuantificar las implicaciones financieras de mantener los estándares de calidad. El CoQ abarca dos dimensiones clave: los costes asociados a la mejora de la calidad (inversión) y los costes derivados de los fallos de calidad. Estas dimensiones suelen denominarse "control" y "fallo de control", respectivamente.

Comprender y gestionar la CoQ proporciona información valiosa sobre la eficiencia de sus procesos de fabricación, destacando las áreas en las que se pueden realizar mejoras para optimizar los costes al tiempo que se garantiza una producción constante de bienes de alta calidad. Engloba cuatro componentes de coste principales que definen colectivamente los gastos totales en los que incurre una organización en nombre de la calidad:

  • Costes de evaluación: Se refiere a los costes operativos derivados de inspeccionar y medir la calidad de los productos para garantizar que cumplen los requisitos establecidos. Los costes de evaluación pueden incluir pruebas rutinarias, inspecciones de materiales y procesos de verificación, que proporcionan una evaluación exhaustiva de si un producto cumple las normas de calidad.
  • Costes de prevención: Los costes de prevención representan inversiones proactivas para garantizar resultados de alta calidad. Podrían incluir actividades como la planificación de la calidad, la evaluación de proveedores, la revisión de procesos, la revisión de nuevos productos y los programas de formación de empleados. Los costes de prevención son fundamentalmente preventivos, destinados a identificar y mitigar problemas potenciales antes de que se traduzcan en fallos de calidad reales.
  • Costes por fallos internos: Son los costes asociados a la rectificación de defectos detectados antes de la entrega de un producto. Si se detecta un fallo durante la fase de producción, los costes de reelaboración, reinspección, pruebas adicionales, desguace de unidades defectuosas y revisión de materiales pueden aumentar considerablemente el coste global de la calidad.
  • Costes externos de fracaso: Son los gastos en que incurre la empresa debido a la insatisfacción del cliente derivada de la mala calidad. Un fallo externo implica que un defecto ha escapado al control de calidad interno y ha llegado al cliente. Los costes pueden medirse a través de métricas como los índices de devoluciones, quejas, reclamaciones de garantía o incluso daños a la reputación de la marca. A menudo, estos costes son mucho más elevados que los de los fallos internos debido a la escala potencial del impacto, ya que un solo defecto no detectado puede indicar problemas con todo un lote de productos.

2. Tasas de defectos y desechos

Los índices de defectos y desechos son indicadores importantes de la calidad y la eficiencia de las operaciones de fabricación. Proporcionan una lente a través de la cual evaluar el rendimiento de la producción, permitiendo a las empresas identificar áreas de mejora y tomar medidas para mejorar la calidad y reducir los residuos. 

Los índices de defectos cuantifican la proporción de materiales o productos recibidos o fabricados que no cumplen las normas de calidad exigidas. Suele expresarse en porcentaje, lo que proporciona una medida fácilmente comprensible de la prevalencia de unidades de calidad inferior. Una métrica común utilizada en este contexto son las piezas defectuosas por millón (DPPM). Esta métrica ofrece una visión más granular de las tasas de defectos, destacando incluso las desviaciones menores de las normas de calidad. El DPPM se calcula dividiendo el número total de piezas defectuosas por el número total de piezas y multiplicando el resultado por 1.000.000. Proporciona una medida estandarizada que facilita la evaluación de la calidad. Proporciona una medida estandarizada que facilita las comparaciones entre distintos lotes de producción, productos o incluso sectores.

Por su parte, los porcentajes de desechos representan el porcentaje de materiales introducidos en el proceso de producción que no llegan al producto final. Esto equivale esencialmente a la cantidad total de material desechado dividido por la cantidad total de material utilizado en una tirada de producto. Aunque pueda parecer ideal aspirar a una tasa de desechos cero, a menudo esto no es realista dada la variabilidad inherente y la imprevisibilidad ocasional de los procesos de fabricación. No obstante, controlar y gestionar de cerca los índices de desechos puede aportar información valiosa. 

Mediante el análisis de los índices de rechazo, los fabricantes pueden identificar áreas específicas en las que pueden estar surgiendo problemas. Esto puede deberse a la mala calidad de los materiales, a procesos ineficaces o al mal funcionamiento de los equipos. Con esta información a mano, las empresas pueden diseñar estrategias específicas para abordar estos problemas, como mejorar la selección de proveedores, perfeccionar las técnicas de producción o actualizar la maquinaria.

3. Rendimiento

Considerado un indicador clave de rendimiento (KPI) fundamental en el ámbito de la fabricación, el rendimiento cuantifica la duración real necesaria para que un producto atraviese el proceso de fabricación, pasando de las materias primas y los componentes a un producto acabado y listo para el mercado. El rendimiento puede medirse a varios niveles, ya sea abarcando la totalidad de la operación de fabricación o centrándose en máquinas individuales o líneas de productos específicas. 

La fórmula para calcular el tiempo necesario para producir bienes es bastante sencilla:

Rendimiento = Producción total / Tiempo total

A continuación se explica paso a paso cómo calcular el rendimiento en la fabricación:

  1. Identifique su producción total: es el número total de unidades que produce su proceso de fabricación durante un período específico. Puede realizar un seguimiento por hora, por día, por semana o durante cualquier otro período que sea adecuado para sus operaciones. La clave es asegurarse de realizar un seguimiento coherente de todas las unidades producidas.
     
  2. Identifique el tiempo total: es el tiempo total durante el cual se produjo el resultado. Una vez más, puede ser una hora, un día, una semana, etc., pero debe corresponder al período que haya elegido para medir el resultado.
  3. Divida la producción total por el tiempo total: El resultado de este cálculo es el rendimiento, es decir, la tasa media de producción durante el periodo elegido. Por ejemplo, si el proceso de fabricación produce 1.000 unidades en 10 horas, el rendimiento será de 100 unidades por hora.

Comprender y gestionar eficazmente la tasa de producción puede ser un paso fundamental para maximizar la rentabilidad y alcanzar la excelencia operativa. Ofrece información sobre la eficiencia de los procesos de producción y puede servir de base para tomar decisiones que optimicen los recursos, reduzcan los residuos y mejoren la productividad general.

4. Rendimiento

El rendimiento es una métrica de rendimiento fundamental que permite evaluar la eficiencia global del proceso o de la planta mediante el seguimiento de la producción en un periodo de tiempo determinado. El rendimiento suele medirse de dos formas principales, cada una de las cuales ofrece una perspectiva distinta de la eficacia de la producción:

  1. Rendimiento en la primera pasada: Esta métrica proporciona el porcentaje de productos que cumplen los estándares de calidad requeridos en la primera pasada sin necesidad de retrabajo. El índice de rendimiento a la primera se calcula dividiendo el número de unidades de calidad por el total de unidades producidas (índice de rendimiento a la primera = unidades de calidad/total de unidades producidas). Un alto rendimiento en la primera pasada es indicativo de operaciones eficientes y procesos sólidos de aseguramiento de la calidad, y refleja un alto nivel de conformidad inicial del producto con las normas de calidad. Significa que se malgastan menos recursos en rectificaciones y repeticiones, lo que implica un ahorro de costes y entregas más puntuales. 
  2. Rendimiento global: El rendimiento global, por su parte, calcula el porcentaje total de productos que finalmente cumplen la norma de calidad, incluidas las unidades que necesitan reajustes. Esta métrica se calcula de forma similar al rendimiento en la primera pasada, pero tiene en cuenta la producción total de productos que cumplen los estándares de calidad tras los ajustes o reparaciones necesarios.

Ambas métricas de rendimiento tienen un valor significativo en la medición de la eficiencia y la calidad dentro de sus operaciones de fabricación. Proporcionan una visión global del proceso de producción y ponen de relieve no solo la calidad inicial, sino también la eficacia de los procesos de reprocesamiento. 

Normalmente, se espera que el rendimiento global sea mayor que el de la primera pasada, ya que incluye los productos que se han corregido y ajustado a la norma. Sin embargo, un objetivo clave debería ser minimizar la disparidad entre estas dos cifras. Si controla eficazmente tanto el rendimiento de la primera pasada como el rendimiento global, podrá desarrollar estrategias para reducir esta diferencia. Reducir la diferencia significa aumentar el rendimiento en la primera pasada, lo que se traduce en una disminución de las repeticiones, un menor coste por unidad, una mejora de los tiempos de ciclo de producción y, en última instancia, una mayor eficacia operativa y rentabilidad.

5. 5. Satisfacción del cliente

Las opiniones de los clientes proporcionan una gran cantidad de información sobre su rendimiento en materia de calidad y constituyen una herramienta inestimable para la mejora continua. Si analiza las quejas individuales y detecta patrones de mala calidad, podrá identificar las áreas que necesitan mejoras. Al abordar estas áreas de forma proactiva, puede mitigar la insatisfacción y reforzar la lealtad de los clientes. 

Por el contrario, el análisis de las métricas de satisfacción del cliente puede poner de relieve sus puntos fuertes, lo que le permitirá consolidarlos y desarrollarlos. Estas métricas cruciales pueden incluir:

  1. Tasa de rotación de clientes: Esta métrica mide la tasa a la que los clientes dejan de hacer negocios con usted durante un período determinado. Puede calcularse mediante la fórmula (Clientes a principios de mes - Clientes a finales de mes) / Clientes a principios de mes. Una tasa de abandono más baja implica generalmente una mayor satisfacción del cliente y mejores estrategias de retención de clientes. 
  2. Coste de adquisición de clientes (CAC): Cuantifica los costes totales asociados a la adquisición de un nuevo cliente. Puede calcularse de la siguiente manera: Coste de ventas y marketing / Número de nuevos clientes. El seguimiento del CAC le permite evaluar la eficacia de sus esfuerzos de marketing y le ayuda a definir estrategias para la futura captación de clientes.

Vigilar tanto la satisfacción como la insatisfacción de los clientes es fundamental para prevenir futuros problemas. Proporciona un mecanismo para la mejora continua y la toma de decisiones centrada en el cliente. Por tanto, para minimizar los problemas relacionados con los clientes, mejorar la calidad cuando sea necesario y reducir los costes generales, es fundamental hacer un seguimiento de una serie de indicadores clave:

  1. El número de quejas, fallos o devoluciones en un periodo específico: esto indica el nivel de insatisfacción de los clientes y la calidad de sus productos o servicios.
  2. El número de incidencias resueltas durante un periodo específico: esto arroja luz sobre la eficiencia y eficacia de su servicio de atención al cliente.
  3. Tiempo medio empleado en resolver las quejas de los clientes: esta métrica, a menudo denominada «tiempo medio de resolución», ayuda a evaluar la capacidad de respuesta de su servicio de atención al cliente.
  4. Gastos de garantía: Son los costes asociados al mantenimiento o sustitución de productos defectuosos en garantía. Unos costes de garantía elevados pueden indicar problemas de control de calidad en el proceso de fabricación.

A medida que transcurre el año y el panorama de la fabricación sigue evolucionando, es crucial que las empresas supervisen y optimicen sus indicadores clave de rendimiento para seguir siendo competitivas en el mercado. Mediante el seguimiento y el análisis de estas métricas de producción clave, los fabricantes pueden descubrir información valiosa que conduce a una mayor eficiencia, satisfacción del cliente y, por supuesto, calidad. No pierda la oportunidad de aprovechar estos KPI esenciales para catapultar el rendimiento de su fabricación y asegurar el éxito a largo plazo.

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